Hace poco ví “Origen“, y hace un momento ví “Paprika“. Las similitudes entre ambas me llevaron a pensar en aquellas películas que, a lo largo de la historia del cine, han pretendido reflejar gráficamente los entresijos de la mente humana, el subconsciente, y los sueños. Muchos son los filmes que han jugueteado livianamente con el factor onírico para provocar extrañamiento y sorpresa en el espectador pero realmente pocos han sido los que lo han tomado como la principal base sobre la que sustentar su historia, el eje sobre el que gire gran parte de la trama.
De esta forma, por pura diversión y para relajarme un poco de la época de “calabazas” (lease exámenes) en la que me encuentro inmerso, me ha dado por hacer una lista con algunas de esas películas que han intentado retratar, cada una a su modo, el mundo que se esconde dentro de nuestro cerebro. A continuación una pequeña lista con algunas de las películas que, en estos últimos años, han querido hacernos soñar.
- ORIGEN
¡Qué mejor que empezar por la obra maestra del año! La mejor película de Nolan se ha ergidido ya como un referente para Hollywood sobre cómo tomar riesgos artísticos y creativos en un filme, consiguiendo que cuajen en el espectador, y la producción no fracase en el intento. 10 años de escritura y perfección de un guión dan para mucho. Si con eso Nolan no conseguía algo superlativo, no lo conseguiría nunca. Medida al milimetro, la película sabe desarrollar sus tramas sabia y certeramente. Curiosamente lo más criticado de esta propuesto artísticamente revolucionaria ha sido precisamente la excesiva lógica y estructuralidad con la que Nolan ha dotado a su mundo de sueños. Y de hecho es así, pero ¿es justo juzgarla por ese rasero cuando ha conseguido calar hondo cumpliendo todos los objetivos y trascendiendo en la memoria del espectador? Por mi parte me parece que no. Si lo que cada película busca es distinto ¿qué sentido tiene criticar la dimensión onírica que propongan simplemente porque son demasiado lógicas? El propósito de “Origen” no es captar la esencia de los sueños. Éstos son meros elementos de los que se vale Nolan para otorgarle a su película un factor fresco y novedoso, enriqueciendo en el camino la historia que nos propone. Es una intención en las antipodas de lo que busca Lynch, quién sí que se propone captar la esencia de dicho plano onírico haciendo que todo gire en torno a ese objetivo.
Por su parte Nolan se apoya en las perspectivas imposibles de Escher, y en la escalera de Penrose, dando lugar a arquitecturas imposibles y complejas que son las que forman y delimitan el propio mundo del sueño, modelandolo a su antojo, literalmente, al permitirse romper con las leyes de la gravedad. No es la esencia profunda del subconsciente, pero tampoco es su objetivo y eso no quita para que siga impresionando. Algunas de sus imagenes (vease la ciudad plegandose sobre sí misma) permanecerán en la memoria colectiva del cinéfilo.
Lo mejor: La secuencia en la que Leonardo DiCaprio introduce a Ellen Page en el mundo onírico, enseñandole a cambiarlo a su antojo.
- INLAND EMPIRE
Precisamente uno de los títulos que algunos de los detractores de “Origen” toman como ejemplo para explicar la verdadera esencia de los sueños. No voy a mentir. Si mis sueños se parecen a algunos de los plasmados en el cine, indudablemente Inland Empire es su primer y principal reflejo. Dejando de lado esa disputa que en nada ayuda a determinar la calidad de ambos filmes (cada cual defendiendo sus propias normativas de ficción), la obra que aquí nos ocupa representa indudablemente una de las cumbres más excéntricas, desatadas, originales, creativas, extrañas y terroríficas de toda la filmografía de Lynch, y porque no decirlo, de gran parte de la ristra de obras que, a lo largo de la historia del cine, han intentado trazar de diversas maneras el subsconsciente humano. El mundo onírico de Lynch da verdadero miedo, es morbido, produce tanta extrañeza e impacto que se asemeja más a una pesadilla. Es una realidad oscura, sin luz, llena de largos pasillos y escaleras de cemento, calles solitarias y dimensiones paralelas, habitaciones vacías y recuerdos de ficción. Para servidor, pues sí, constituye una de las cimas cinematográficas que más acertadamente han conseguido captar la oscura esencia de la mente humana.
Lo mejor: la interpretación de Laura Dern, y el giro final que dejó a muchos con ganas de tirarle piedras a Lynch.
- PAPRIKA
El Inland Empire de la animación. La historia de una científica que debe recuperar un aparato recientemente creado para entrar en los sueños de los pacientes no tiene mucho que envidiarle a la cinta de Lynch. Mucho más cortita y condensada eso sí, esta obra de Satoshi Kon (Descanse en Paz) contiene imagenes de un grandísimo poder visual; impresionantes estampas oníricas que constituyen la principal virtud de una obra que, hay que destacar, es mucho más compleja de lo que se la quiso vender en realidad. No voy a negar el hecho de que durante un tiempo la imaginé como una película infantil dirigida a los más pequeños. ¡¡En semejante error caí!! Para vuestra información, sí, ya conocía a Miyazaki, y las obras de Pixar me parecían más adecuadas para adultos que niños, pero la caratula de la película, y especialmente su horrendo subtitulo castellano (La detective de Sueños), me llevo en aquel entonces, ignorante de mi, a hacerle el vacío en numerosas ocasiones. No fue hasta hace poco cuando, por diversas circunstancias, acabé animandome a ver “Perfect Blue“, opera prima del realizador, cuando descubrí el mundo que se abría ante mi. La primera película de Kon ya dejaba entrever muchos de los temas que explotaría (con gran acierto y elegancia a pesar de ser casi un primerizo en la industria) en su breve filmografía como director alcanzando su máximo exponente en su última obra acabada: “Paprika“.
La dualidad de identidades. El alter-ego secreto que todos ocultamos. El rostro verdadero tras nuestra máscara. El aceptar nuestro verdadero ser, nuestra verdadera esencia. La presencia de realidades simultaneas, paralelas. Realidad y sueños, mundo real y ficticio, mezclandose sin orden ni concierto. Todos ellos temas de importancia capital en esta última película del director, en los que se profundiza a traves de la realidad de los sueños. Un mundo onírico que aquí es plasmado con gran abundancia de colores y objetos, utilizando como leitmotiv la imagen de una gran cabalgata de juguetes, animales, estatuas, semaforos, paraguas y puertas de templos que se mueven a traves del paisaje, creando un contraste de una gran viveza y hermosura.
Narrativamente confusa, compleja en su estructura, con una acusada falta de coherencia, Kon no se limitó a plasmar los sueños unicamente mediante imagenes; quería que su película, la propia historia, se contagiara de ellos, de su incomprensión e impacto extrañamente lógicos. Y a fé que lo consiguió. En el campo de la animación, es el equivalente al imperio onírico de Lynch. No me extrañaría nada que algunas de las ideas de la última obra de Nolan hayan salido del filme de Kon. Los paralelismos entre ambas cintas se intuyen bastante.
Lo mejor: La cabalgata del sueño. Al instante sabes que será una de esas imagenes que recordarás mucho tiempo. El Parque de Atracciones abandonado.
- LA CIENCIA DEL SUEÑO
No es ni mucho menos una obra maestra. Y cada día que pasa lo confirmo. Pero sí es una película muy estimable que sabe aprovechar al 100 x 100 la magia visual de Gondry. Quien fuera el artífice de “Eternal Sunshine of the Spotless Mind“, volvió al panorama con una obra cortada por el mismo patrón, solo que en vez de ser un hombre perdido en sus recuerdos, esta vez el protagonista es un hombre perdido en su mente, amante de soñar despierto, locamente enamorado de su vecina de piso, una eterea Charlotte Gainsbourg años antes de pasar por las atormentadas manos de Lars Von Trier para sacar de sí uno de sus mejores trabajos como interprete. El plano onírico viene plasmado aquí por la imaginación y los sueños del propio personaje, caracterizados todos ellos por estar construidos de forma casi eminentemente artesanal, con materiales como cartones, cajas y telas, y algún que otro toque digital para animar determinado objeto o agrandar una mano para hacerla gigante. La historia de amor es hermosa, con un tono mucho más melancólico y contemplativo que en su anterior obra, aunque algo más irregular en este caso.
En esta ocasión a Gondry le ocurre le que a algunos cineastas que no se centran. Pierde el foco de la historia, el conflinco central que desarrolla utilizando para ello el plano onírico, de tal forma que acaba situando éste último por encima del propio conflicto del relato, perdiendose en un sentimiento algo egolatra centrado en contemplar su propia maestría para conseguir atmosferas extrañas y únicas, en las que dan ganas de ponerse a hacer manualidades. Pierde el conflicto, sobreponiendo sobre él el factor contemplativo.
Es algo que de hecho le ocurre a otro cineasta a menudo. Jean Jaques Annaud, el director de “El Oso” o la más popular “Siete Años en el Tibet“, también utiliza historias que en principio deberían ser lo más importante de sus películas, y que al final se desvelan como una mera excusa para poder retratar lo que a él verdaderamente le interesa, la atmosfera, la vida cotidiana y el quehacer diario de los lugares exóticos o atípicos donde graba. De repente la historia se desplaza a un lado, y la película se desvela irregular y desequilibrada. Es una linea que “La Ciencia del Sueño” parece siempre a punto de cruzar, aunque finalmente no lo haga del todo y consiga centrarse. Es por ese motivo que muchos la califican como mucho más soporifera que su antecesora, y mucho menos acertada. Y en gran parte es así, no se puede negar. El modelo utilizado es el mismo, el discurso que aquí trata ya lo abarcó anteriormente con más acierto.
Aún a pesar de todo es una buena película que con todos sus defectos a mi me ecandila por lo etereo y tierno de sus dos actores protagonistas. Bien merece darle una oportunidad, aunque solo sea para admirar el talento de Gondry para crear atmosferas irreales con materiales de colegio.
Lo mejor: la maestria de Gondry para contruir paisajes oníricos casi enteramente con cartones, cajas y telas.
- LA ESCALERA DE JACOB
Uno de los filmes que sirvió como principal inspiración para la serie de videojuegos “Silent Hill“. De hecho el trasfondo es similar. Tanto los videojuegos como la película parten de una misma base argumental, una persona psicológicamente desequilibrada empieza a sufrir alucinaciones mientras está despierto. El mundo a su alrdededor se torna oscuro y terrorífico. El nucleo en ambos casos reside en lo mismo; el protagonista debe aceptar algo que ha hecho y ha olvidado, ya sea porque se averguenza o sencillamente por miedo, protegiendose a sí mismo mediante la culpa. En el filme el protagonista es un veterano de Vietman que una vez terminada la guerra y de vuelta a casa, no se siente igual que antes. Algo ha cambiado dentro de él, y eso se refleja en las visiones que tiene. La misma estructura se repite en la saga de terror de Konami: un protagonista atormentado que se culpa a sí mismo por algún hecho que no recuerda, y que se refleja a su alrededor en un mundo que se torna oscuro, oxidado, y sangriento, habitado por demonios y una carnicería que se intuye más que se ve, ahondando en ella cada vez más profundamente.
A pesar de la irregularidad de la obra de Lyne, narrativamente algo confusa, sin mucho estilo (al fin y al cabo es Adrian Lyne y no se le puede pedir mucho), aunque con oficio, posiblemente esta sea la obra más destacada de toda su filmografía. Por una vez el realizador deja de lado erotismo y mujeres para centrarse en algo más interesante, la psique humana. De los bailes de “Flashdance” y el fanatismo de “Atracción Fatal“, a la oscuridad y tormento de “Jacob’s Ladder“. La película se beneficia de dos puntos muy importantes. En primer lugar: su atmosfera diabolica, que consigue plasmar cierta esencia de la maldad y el terror humano. Y en segundo: la interpretación de su protagonista Tim Robbins, al que siempre se le han dado como ningún actor los papeles de personajes reflexivos, introspectivos y atormentados. Sin esos pilares de sujeción, la obra de Lyne se desmoronaría sin apenas resistencia. A pesar de todo ello, si, al igual que yo, eres amante de los escenarios oníricos en el cine, “La Escalera de Jacob” bien te recompensará con algún visionado que le des.
Lo mejor: La atmosfera del filme. No en vano fue la principal fuente de inspiración para la saga de videojuegos de “Silent Hill“.
- LA CELDA
Narrativamente escualida y debil, “La Celda” de Tarsem Singh es más un ejercicio fílmico de estilo, un mero experimento visual de lucimiento para su realizador, que una obra con suficiente empaque y solidez como para sustentarse por sí sola con su argumento. La historia de un asesino en serie y una investigadora que debe darle caza la hemos visto tropecientas mil veces, cada tarde en televisión. La introducción de un aparato que permite introducirse en las mentes no es nuevo. Tanto “Paprika” como “Origen” han retomado esa idea explotandola de forma mucho más acertada. El argumento aquí es una mera excusa para lo que realmente le importa a Tarsem: la extremada estilización de la imagen, la maravilla y el impacto visual. Desde luego ese aspecto no solo es el más conseguido, es que de hecho es lo que convierte al filme en algo digno de verse aunque solo sea como mero video musical para mayor deleite de los sentidos.
Se situa, eso sí, en el otro extremo opuesto de los sueños de Gondry en “La Ciencia del Sueño“. El onirísmo del realizador indio es muy digital, practicamente todo él. Jennifer Lopez es una presencia que camina por esa realidad intentando supuestamente desentrañar los oscuros secretos de una mente enferma para poder descubrir el paradero de la próxima víctima y del propio asesino. Nada más que comentar. Tarsem ya dejó muy claras sus motivaciones cuando dirigidió “The Fall“. La obsesión por la imagen extremedamente retocada y estilizada que provoque impacto. En esa ocasión el realizador aprendió de sus errores y dotó de suficiente densidad e interes a su historia como para que sustentara el filme por sí solo, dando lugar a multiples planos de disfrute y lectura. Una obra de mayor complejidad que su opera prima; una carta de presentación destinada a entrar por los ojos del público (y de los ejecutivos de Hollywood), con la que buscó hacerse un hueco en la industria aunque para ello tuviera que hacer uso de una base argumental tópica hasta el retuetano, sin dotarle de ninguna frescura más allá de su hermoso barniz.
Merece un visionado aunque solo sea para asombrarse con sus imagenes.
Lo mejor: Sus imagenes oníricas. No sólo es lo mejor sino que es de lo único verdaderamente reseñable que posee la película. La imagen del caballo troceado por cristales. Despues de años sigo recordandola.
- EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS
Lo que aquí se representa no son sueños, sino algo bastante más ambigüo. Una especie de reflejos de la mente y personalidad de cada persona que cruza el espejo del Doctor Parnassus. Un artista ambulante que se mueve por un Londres de corte victoriano, muy anacrónico a veces por como lo filma Gilliam, con su sequito de artistas de circo y su dulce y hermosa hija, predestinada a ser entregada a Lucifer por una apuesta que Parnassus realizó con él hace años.
El imaginario de Gilliam es un tanto extraño de por sí, pero en esta película lo es más aún. Su visión de la psique y deseos humanos curiosamente no es muy original. Si la que cruza el espejo es una señora mayor con abrigo de piel y joyas, su imaginario (o más correctamente, el que Parnassus refleje para ella) serán zapatos gigantes sobre un trasfondo traslúcido, frascos de perfume y enormes collares de perlas por doquier. De la misma forma que Satoshi Kon en “Paprika” o Gondry en “La Ciencia del Sueño“, Gilliam utiliza los objetos, la materialidad transformada de forma grotesca, para crear un paisaje onírico que impacte y cause extrañamiento.
A diferencia de los paisajes de Lynch, (único cineasta que ha conseguido captar la esencia ilógica del sueño con coherencia y riesgo narrativo y artístico), e incluso de Nolan (que también contagia la narrativa de su película de cierta lógica más propia de los sueños, con planos superpuestos y ralentizaciones temporales) la mayoría de cineastas únicamente reflejan el onirísmo utilizando la materialidad: los objetos transformados, o la arquitectura imposible. Tal es el caso de Gilliam en esta obra en la que a pesar de todo, y como ya dije cuando hablé de “Origen“, no se la puede juzgar negativamente por eso, principalmente por que cada película busca una cosa totalmente diferente a pesar de utilizar todas ellas la realidad del sueño como excusa para su historia. Es totalmente legítimo. Es su propio mundo. Y a pesar de que el imperio de Lynch tal vez sea más acertado como verdadero reflejo de lo que son los sueños (ya que al fin y al cabo es lo que buscaba), eso no quita que debamos catalogar negativamente a las demás mediante una comparativa innecesaria sólo porque utilizen ese elemento como un mero añadido a la historia. Cada persona es un mundo, y cada cual tiene su forma de representar sus sueños.
El hecho es que aún con todo, en su tramo final la película consigue empaparse de la locura que impera en los sueños, siendo el momento en el que, personalmente, creo que Gilliam toma más riesgos, mojandose mucho más que al principio, cuando todo es mucho más contenido y lógico, y el imaginario es apenas un recurso más para avanzar en la historia.
Es un filme difícil eso sí. Como la mayoría de su director. Para mi es de mis favoritos despues de “Brazil” y “12 Monos“. Y aunque prefiera otras representaciones oníricas antes que las que aquí se nos muestran, el filme no deja de ser un autentico viaje psicotrópico, excentrico y denso, en el que bien merece la pena adentrarse.
Lo mejor: El tramo final, en el que Gilliam verdaderamente se desata, y contagia a la narrativa del filme de la locura del sueño que está representando.
- ETERNAL SUNSHINE OF THE SPOTLESS MIND
La obra maestra de Gondry sucede casi enteramente en los recuerdos. Las imagenes de una relación rota, que evoluciona desordenadamente en la mente del personaje protagonista. Jim Carrey se despierta un día, y conoce a Clementine de forma casi impulsiva. Se sienten atraidos mutuamente, y no saben porqué, sienten la necesidad de avanzar en su relación a pasos agigantados. En ese momento la historia retrocede. Ahora sí, estamos en el verdadero comienzo de la película. Ambos acaban de romper, ella le borra a él, y el responde borrandola a ella. En pleno proceso sucede el milagro. La reconciliación del personaje con sus recuerdos y con los momentos tan hermosos que le dió esa relación.
Antes de caer tan excesivamente en la utilización de materiales artesanales para construir el mundo onírico, Gondry acertó de lleno modificando los espacios, jugando con la arquitectura como solo sucede en los sueños. De repente estamos aquí, y al segundo siguiente, estamos en otro sitio. El paisaje de la mente se crea aquí principalmente mediante dos puntos claves: Uno: el juego temporal y espacial, transformando los lugares, al mismo tiempo que cambiamos repentinamente de un recuerdo reciente a otro de hace muchos años. Y dos: la autoconsciencia de los personajes de Jim Carrey y Kate Winslet de que ambos están despiertos en la mente del primero de ellos, siendo capaces de correr a su antojo por la memoria y recuerdos de su relación y su vida, ocultandose de la máquina que pronto borrará todo esos momentos tan mágicos.
Al final la naturaleza humana es como es. Tropezamos siempre dos veces en la misma piedra. Ni todo el “eterno brillo de una mente inmaculada” podrá al final salvarnos de volver a amar a esa persona a la que hace un momento quisimos olvidar. Una obra maestra. Otro de los mayores logros conseguidos en el cine en cuanto a plasmar paisajes oníricos se refiere.
Lo mejor: Absolutamente todo.








[...] la realidad y los sueños (véanse, a este respecto, Origen y otras invasiones del subconsciente y Onirismo cinematográfico: los sueños, la mente y el subconsciente en el cine) de la manera que lo ha venido haciendo hasta ahora. Se podrán seguir los mismos senderos [...]